Situación nº 1:Volvemos de la piscina. Jesús está muerto de cansancio por el trote en el agua y porque se ha despertado a las 8 de la mañana. Evidentemente se queda dormido en el carrito, con la cabeza hacia delante como es su costumbre. La gente nos mira por la calle.Miran a Jesús, me miran a mí y vuelven a mirar a Jesús. Hasta que alguien no consigue reprimirse y me dice: “¡Pobrecito, como lleva la cabeza, debe estar incómodo!”
Yo respondo cortésmente: “Si, ya lo sé.” Y sigo mi camino.
Situación nº 2:
Nos montamos en el autobús. Volvemos de estar en el parque, donde Jesús ha jugado cerca de dos horas con su amiga Irene. Está cansado, me pide teta. Se la doy porque se que si se la niego puede ponerse insufrible. Una mujer mayor se percata de que le estoy amamantando. Se la nota nerviosa, no puede evitar mirarnos. Cuando nos toca bajarnos, le saco el pezón de la boca y él protesta porque estaba la mar de a gustito. Casualmente la anciana se baja en la misma parada que nosotros y aprovecha la coyuntura para decirme: “Ya tienes que quitársela, que es muy mayorcito”. Yo asiento y la sonrío.
Situación nº 3:
Estamos de vuelta de un largo paseo y los niños están cansados de tanto caminar. Ambos piden brazos, pero es físicamente imposible cargar con el mayor que pesa 22 kilos, por lo que cogemos al pequeño. Inevitablemente llega otro viandante, desconocido por supuesto, que le reprende por ir en brazoS “con lo mayor que es”. Le ignoramos.
¿Por qué estas personas no se meten en sus asuntos y nos dejan en paz
¿Por qué me dan su opinión cuando yo no se la he pedido?
¿Quiénes se creen que son para decirme a mí o a mis hijos lo que tenemos que hacer?
¿Acaso les digo yo a ellos como tienen que dormir, o que tienen que comer?
¿Por qué se creen que ellos saben mejor que yo, lo que les conviene a mis hijos?
No nos conocen, no conocen nuestras circunstancias, pero aún así se creen con el derecho y casi la obligación, de dejar constancia de su opinión e incluso de regañarnos por hacer algo que ellos consideran inapropiado.
No tenemos que dar explicaciones a nadie, pero hoy estoy generosa y me apetece darlas:
Señor nº 1: He intentado en muchas ocasiones recolocar la cabeza de mi hijo cuando se duerme así. A mi tampoco me gusta la postura que adopta, pero cuando le echo hacia atrás se queja y se despierta. Normalmente cuando entra en un sueño profundo él mismo termina tumbándose. Así que no se “preocupe” que cuando esté incómodo, él mismo lo solucionará.
Señora nº 2: Es mi teta y se la daré hasta que a mi me dé la gana o él deje de pedírmela.
¿No es usted muy mayor para andar por la calle? Yo que usted me recluiría ya en un asilo, o mejor muérase (léase esto en tono irónico y no literalmente).
¿No es usted muy mayor para andar por la calle? Yo que usted me recluiría ya en un asilo, o mejor muérase (léase esto en tono irónico y no literalmente).
Señor nº 3: ¿Sabe usted cuánto tiempo llevamos caminando? ¿Va a tener que llevarlos usted encima?
No, ¿verdad? Pues, ¿POR QUÉ NO TE CALLAS?
No, ¿verdad? Pues, ¿POR QUÉ NO TE CALLAS?

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